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Cerezos

Enviado por Ignacio Diaz el 16/09/2010 a las 05:48 PM

1850, montañas de China. mes desconocido, lugar indeterminado.

El dia comienza como siempre y yo ya estoy de pie, lentamente sostengo la espada, recta, resplandeciente, corta el aire una y otra vez, canta y susurra mientras me muevo con ella, cantamos juntos la canción de la armonia, nuestra energía se conecta, el sol comienza a acariciar la tierra y hace despertar los olores y sabores del entorno,  la vida como siempre se impone.

La espada y yo somos uno, soy un maestro de espadas, en esta vida aprendi a fabricarlas, era un maestro consumado del arte del acero, claro que no solo me limité a hacerlas, las manejaba con maestría, una sola alma con dos cuerpos.

Ella sale de nuestra casa, nunca puedo ver su rostro correctamente, solo lo intuyo, suave, delicado,su figura delgada recorta nuestro hogar, silenciosamente trae una pequeña bandeja con agua y arroz frio, mi comida matinal.

"Maestro"-dice ella levantando suavemente la bandeja , casi en un susurro, yo solo sonrío, pongo en esa sonrisa todo el amor y afecto que puedo tener, lo dejo a un lado mientras ella se retira.

De dia es mi sirviente.

De noche mi mujer.

Dejé todo para estar con ella, aburrido de hacer espadas de muerte, de no poder amar a la mujer que amo, me retiré a las montañas, juré nunca más construir un sable, solo en la montaña he comenzado una nueva vida, lejos del mundo, mi mundo se expande en estas montañas solitarias y eternas, siento su poder debajo de mis pies, como la energia del cielo y la tierra se juntan como una ola, ella no lo entiende, solo se limita a mirar.

Ella fue criada para servirme, aún aqui en nuestro mundo actua como tal, solo una cosa logra sacarla de ese papel.

El niño llora pidiendo atención, tan pequeño, frágil, veo en el parte de mi, una llama indómita y salvaje, toda mi vida luche por matar, hoy solo lucho por que mi karma fluya, como un rio estancado durante años mi centro se expande nuevamente sobre mi, por primera vez en toda mi vida puedo decir que soy feliz.

Lo que mas recuerdo de esta vida son los cerezos, su aroma,hay al parecer un pequeño bosque de ellos en las cercanías, una escalera de piedra que sube entre los cerezos, sus hojas en el suelo crean un piso sedoso y suave donde caminar, hacia alla camino, y medito..

Ruidos abajo, caballos galopando, posiblemente un escuadron de soldados, no lo se, ella grita y me llama, siento que se mi nombre pero no puedo precisarlo, bajo corriendo a gran velocidad.

El brillo de sus ojos me traspasa, su labios carnosos hacen una mueca sensual sobre su caballo, ella, una vez mas me persigue y aparece en mi vida.

Lo prometio vidas atras, me maldijo, y se ha encargado de cumplir la maldición, en esta y en todas las vidas en que nos hemos encontrado.

Sus labios se abren suavemente y solo escucho una pequeña frase, pero siento en cada palabra el veneno del despecho.

"Donde esta mi espada"

Jure no tomar una espada para matar, solo hago lo que puedo hacer, me arrodillo lentamente y pongo mi cabeza en el suelo.

"Mi señora, sabes que prometi no volver a hacer espadas, no puedo cumplir tu deseo, pídeme lo que quieras y te lo daré, pero no volveré a construir un sable"

Ella rie con desprecio, escupe en mi, ni siquiera pienso en mirarla, solo escucho su voz que resuena en el lugar.

"Que podrías darme tu que yo pudiara querer, monje.."

Siento las amenazas veladas en su voz, de a poco veo a sus soldados, todos  me desprecian profundamente y solo esperan una pequeña señal para despedazarme, todos desean probarse conmigo, derrotarme seria un honor para cualquiera de estos jóvenes , ansiosos de fama y poder.

Todo se precipita, desde mi casa escucho unos gritos y veo a la mujer silenciosa gritando descarnadamente, dos soldados la arrastran de su largo pelo, otro soldado sale lentamente desde la casa, solo sonríe, trae un bulto pequeño en sus manos.

Mi hijo.

Su madre grita descarnadamente y solo me mira, me taladra con sus ojos, el soldado camina hasta la dama dragón que sonríe burlonamente mientras recibe a mi hijo en sus brazos.

"Interesante" susurra, "un niño, de una sirvienta, y ¿quien es el padre?"

Solo puedo apretar los dientes

"Yo" respondo.

"¡TU!- rie como una demente- ¡TU, monje!, ¡padre en las montañas de un hijo con tu sirvienta!, ya veo, ya veo"

Se acomodoa suavemente en su hermoso caballo y mira la escena, los soldados impacientes, mi hijo y su madre lloran y ella blanca como un glaciar, solo contempla la escena, solo sus ojos delatan su odio, hacia mi.

"Creo que tengo la solución a este problema"- un destello maligno aparece en su rostro "Ya que me puedo llevar lo que desee, me lo llevo a el"- Dice indicando al niño.

Su madre chilla y ruje con desesperación, yo solo asumo mis palabras y muevo levemente la cabeza en señal de asentimiento, siento un chillido de dolor de desgarro, la mujer que amo me taladra con ojos de odio y desprecio, se que no entenderá, mi hijo llora mientras el convoy se aleja de nosotros, me siento vacío y siento que nuevamente me he traicionado, por segunda vez hago lo incorrecto, siento en mi espalda los golpes de mi mujer, no siento dolor ni siquiera cuando siento que algo metálico y frio entra en mi espalda, todo comienza a girar y en un último momento siento que el viaje del karma se vuelve a reiniciar, una vez mas.

Una vida de muchas que he vivido, una vida que se ha expresado en mi, en este viaje interminable de descubrir, saber y sentir, el dolor se repite de otra forma y es el mismo, ¿cuantas veces la vida volvera a girar?, quien lo sabe, solo se que de mi depende que pare de una vez y para siempre.

 

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Ignacio

Enviado por el 28/09/2010 a las 12:23 PM
Angela

Tu escrito es realmente de una traza litararia exquisita... es increíble como nos conduce a esos campos de cerezos de la China medieval medieval histórico con cada descripción que haces uno al leerlo se transporta de inmediato... es un relato muy vivido... es un relato desde el alma y muy dramático morir desde las manos de su amada mas que un acto de violencia es un acto de perdón por aquella decisión dramática... con eso ella libera al protagonista de una vida de remordimientos y oscuros deambulares internos...

Gracias por compartir este pensamiento en este espacio...

Saludos

Angela

 


Gracias a ti

Enviado por el 28/09/2010 a las 01:08 PM
Ignacio Diaz

Por darte el tiempo y el espacio para comentar y leer, desde ya y como siempre tu casa

Saludos.

Ignacio

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"Cada Hormiga es un centauro en su mundo de dragones"


Gracias

Enviado por el 04/10/2010 a las 06:50 PM
Angela

Ignacio, muchas gracias, es muy grato leer tus escritos, como ya te dije son muy vividos algunos de ellos con mucha intensidad y sentimientos... pero a la vez, te enseñan mucho desde el espiritu... como si fueras un alma antigua como tantos de nosotros...

Saludos

Angela

 


Mientras mas

Enviado por el 05/10/2010 a las 08:52 AM
Ignacio Diaz

Avanzo mas compruebo que efectivamente nada es al azar y todo esta de alguna forma orquestado para que tu puedas aprender o entender algo, que bueno que te guste leer y nada, como tu dices, finalmente somos mas que un pedazo de carne y hueso.

Saludos y gracias por pasar.

Ignacio

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"Cada Hormiga es un centauro en su mundo de dragones"


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